Dar vueltas a lo mismo se disfraza de buscar soluciones, pero casi nunca las encuentra. Y cansa.
La rumiación es la mente intentando calmarse a base de pensar, y no funciona: por eso una hora dando vueltas deja igual que antes y además agotada. Bajar a lo concreto —qué siento, qué necesito ahora, qué puedo hacer hoy— cambia el día. Y si la cabeza se activa más de noche o cuando hay silencio, no significa que algo vaya mal: es justo cuando menos la defiendes de ella.